Revista publicada por la Asociación Mexicana de Ventanas y Cerramientos, A.C.
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La eficacia de la normativa de ventanas frente al Huracán Irma

El 9, 10 y 11 de septiembre en el estado de Florida arrasó el Huracán Irma. Las construcciones nuevas que cumplieron con los códigos existentes que exigen sistemas de vidriado resistentes a huracanes respondieron de forma positiva, demostrando que la normativa y su cumplimiento generan situaciones de mejora sustanciales para las edificaciones y sus habitantes.

Pasado el Huracán Irma y mientras los habitantes del sur de la Florida se reintegran a su vida normal, luego de una agobiante y esforzada evacuación (todavía hay miles de personas sin energía eléctrica), es momento de reflexionar acerca del comportamiento de las construcciones ante las extremas condiciones a las que fueron sometidas. Está muy claro que a los edificios que se construyeron bajo los estrictos códigos del estado de Florida les ha ido mucho mejor.

Según la Asociación de constructores de Florida, el resultado es positivo. La evidencia es aún preliminar y las compañías de seguros, constructores y autoridades todavía están llevando adelante evaluaciones sobre cómo se comportaron los edificios construidos bajo diferentes normas durante Irma.

Huracán Andrew

El estado de la Florida tiene uno de los códigos de construcción más exigentes de los Estados Unidos. Aprobado en 2002 por el condado de Miami-Dade, que emitió nuevas normas inmediatamente después que el Huracán Andrew hizo su paso destructivo en 1992 y le hizo cambiar a la industria la manera en que miraban a los sistemas de ventanas. El huracán destruyó más de 25.000 hogares y comercios solamente en el condado de Miami-Dade y cerca de 100.000 fueron severamente afectados. Las fallas en los sistemas de ventanas fueron la principal causa de daños. El quiebre de la envolvente de las edificaciones por los objetos que vuelan pueden llevar a un tremendo incremento en la presión interna de un edificio. Esto puede llegar a duplicar la fuerza ejercida sobre elementos estructurales esenciales como paredes y techos, dando lugar a catastróficos resultados, tal como lo demostró el Huracán Andrew. Los estados costeros, particularmente Florida, reaccionaron implementando estrictos códigos de construcción que exigen sistemas de vidriado resistentes a huracanes. Por primera vez se hizo obligatorio el uso de vidrios resistentes al impacto.

Conceptos relevantes de las normas implementadas

Estas normas están básicamente destinadas a nuevas construcciones e incluyen muros cortina, ventanas, puertas de entrada y frentes de negocios. El objetivo es tener sistemas de cerramientos que sean capaces, durante un huracán, de evitar que los fuertes vientos y objetos que vuelan penetren la envolvente del edificio. Lo que los diferencia de sistemas tradicionales es:

• Extrusiones más pesadas.
• Huecos para vidrio más profundos
• Anclajes más robustos.
• Más tornillos.
• Vidrios laminados (con interláminas Ionoplásticas o polivinil butiral).

Cuando un objeto golpea al vidrio laminado, el vidrio se rompe pero permanece adherido a la interlámina, evitando que entre viento, agua y el objeto mismo. El sistema funciona porque el vidrio laminado evita que los objetos entren en el edificio, mientras que el marco y anclajes reforzados son capaces de soportar las presiones de viento y absorber la fuerza transmitida por el vidrio. De esta manera, se mantiene la integridad estructural de la abertura. Estos conceptos luego fueron incorporados en otros estados como los del Golfo de México y de la costa atlántica hasta Massachusetts.

La diferencia marcada por las normas y su cumplimiento

Estuve en Miami en 1992, justo un día después del paso del Huracán Andrew (según los registros de ese entonces, el más destructivo que golpeó el estado de Florida). Recuerdo las imágenes desoladoras en el aeropuerto de Miami y en los sectores más castigados en el sur de la ciudad como Coral Gables y Coconut Grove.

Estuve este año nuevamente durante el impacto del Huracán Irma (9, 10 y 11 de septiembre). Las imágenes de los resultados de ambos huracanes contrastan notablemente. Eran los mismos lugares, con un fenómeno climático similar: Huracán grado 5 (el máximo en la escala Simpson) y en el caso de Irma, no se registraron los masivos destrozos del 92. Las construcciones se mostraron resistentes a las fuerzas de la naturaleza y sus efectos.

Esta vez, pude vivenciar toda la expectativa y preparativos previos de la ciudad y las autoridades, y experimentar el golpe del huracán. Una rápida recorrida con colegas de la industria de las fachadas por las principales zonas, nos dejó ver que solamente algunos pocos vidrios fueron rotos por impactos en construcciones bajas (vidrios no resistentes, y correspondientes a una fecha de construcción anterior a la nueva normativa). Y alguna que otra ventana de proyección se desprendió en pisos altos. Eso sí, cayeron dos grúas-torre de edificios en construcción. No había normativa de “Grúas-torre anti huracanes”. Ya se pusieron a trabajar en la redacción de un código al respecto.

Las velocidades viento indicadas son máximos medios a 10 metros del piso. 174 km/h es el equivalente a una presión de viento de 1436 Pa. Recordemos que en Buenos Aires, un día de “mucho viento” hay aproximadamente 70 km/h lo que equivale a una presión de viento de 239 Pa.

La lección

Aunque llevará unos meses determinar en qué grado ayudan los códigos a prevenir daños, las primeras evaluaciones indican que los vidrios resistentes a impacto evitaron que los problemas fueran mayores. El Wall Street Journal de esa semana reportó que el daño había sido menor en relación a los fuertes vientos que acompañaron la tormenta. La redacción de normas claras, concretas, enfocadas en el problema, y su posterior acatamiento generan situaciones de mejoras sustanciales para los bienes y las personas, como ha quedado demostrado con el caso del Huracán Irma.

Colaboración: Guillermo Marshall, Consultor en Fachadas
Estudio Marshall & Asociados SA

Fecha de publicación: 16/02/2018

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