Revista publicada por la Asociación Mexicana de Ventanas y Cerramientos, A.C.
[  Sustentabilidad ]
 
Inercia térmica y el aislamiento térmico, dos vias para el ahorro energético en la construcción de viviendas sustentables

El desarrollo exponencial que ha venido teniendo el concepto constructivo de casas pasivas tiene su origen en un principio fundamental que prioriza el mantenimiento de la temperatura confortable de un edificio frente a la necesidad de consumir energía para calentarlo u enfriarlo. Este estándar constructivo es el que ha puesto nuevamente el término de inercia térmica de los materiales entre las medidas que deben considerarse a la hora de hablar de arquitectura sustentable.

Todo elemento constructivo dependiendo de su masa, su densidad y su calor específico, absorbe y almacena una cantidad de energía cuantificable. En este sentido, la inercia térmica, define las propiedades de los materiales para almacenar o ceder calor, para ello, se mide la cantidad de calor que almacena una unidad de masa del mismo, cuando su temperatura aumenta un grado centígrado y la pérdida de calor cuando el material se enfría un grado.

Un ejemplo para entender el concepto partiría del resultado diferenciado que obtendremos al servir una café caliente dependiendo de si el vaso es de plástico o cerámico. Una vez bebido el café que calentó ambos recipientes, si volvemos a rellenar los envases con agua fría, el agua contenida en el vaso de plástico continuará fría, mientras que la vertida en el vaso cerámico estará tibia al haber cedido o irradiado éste, una parte del calor que hubiese acumulado al tener una mayor inercia térmica que el plástico. Este mismo principio es el que aplicamos en los sistemas de fachadas ventiladas por el cual la irradiación del calor acumulado en el material de la fachada ventilada eleva la temperatura el aire contenido en la cámara intermedia que separa la fachada de la envolvente del edificio para generar un circuito de aire en movimiento que regula la temperatura actuando como si de un radiador se tratara.

Aunque en un principio una elevada inercia técnica de los materiales empleados en la envolvente de un edificio pareciera una ventaja, no siempre lo es. Hay que tener en cuenta la tipología y el uso de una vivienda para decantarnos por el uso de muros con mayor inercia térmica o más aislantes. No es lo mismo calentar o enfriar una vivienda de fin de semana o una oficina, que una vivienda habitual. Cuanto mayor sea el uso de la vivienda mayor será el requerimiento de muros con alta inercia térmica, mientras cuanto menor sea el uso más valoraremos el aislamiento térmico de estos, al propiciar confort térmico con mayor inmediatez y menor costo energético cuando aplicamos una fuente interna de calor o frio.

Los edificios cuya envolvente sea construida con materiales que tengan una gran inercia térmica necesitarán más tiempo para calentarse, ya que absorberán gran parte del calor inicial mientras que, por la misma razón permanecerán más tiempo calientes. En otros sistemas constructivos, como es el caso de la construcción ligera, en seco y con uniones mecánicas, la eficiencia energética va asociada con envolventes térmicas de baja inercia que apuestan más por el aislamiento térmico, incorporando ventanas altamente eficientes con vidrios muy aislantes y aperturas que garantizan una alta estanqueidad al aire. El problema de estos sistemas constructivos es que el diseño y la ejecución de estos edificios tiene que ser, por necesidad, muy exacta para evitar los puentes térmicos que debilitan el aislamiento.

La alternativa ideal será aquella que elimine los puentes térmicos, garantice la estanqueidad de puertas y ventanas e integre un sistema constructivo que incorpore aislamiento por el exterior y elementos con alta inercia térmica en el interior, de forma que el calor o el ambiente refrigerado se pueda acumular dentro pero no se escapará al exterior. Este tipo de construcción deberá además considerar, la renovación del aire interior reduciendo las pérdidas energéticas con sistemas de ventilación controlada. En los países con alta incidencia solar es conveniente bloquear la radiación solar, ya que en este caso la elevada inercia térmica puede conllevar un resultado problemático. La aplicación de sistemas de control solar pasivo como fachadas ventiladas, aleros o pérgolas, combinados con otros activos, como toldos, persianas y filtros solares de exterior paliarán los efectos dañinos de la radiación solar directa, a la vez que, aprovecharemos los beneficios que ofrece la luz natural para disminuir el costo energético.

Colaboración AMEVEC

Fecha de publicación: 29/11/2019

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